Historia de Portugal



 

 

 

Hasta la edad media, la historia de Portugal es inseparable de la de España. Lo que hoy es Portugal pasó a ser parte de la provincia romana de Lusitania en el siglo II a.C. En el siglo V el control de la región pasó a los visigodos y, en el siglo VIII fue ocupado por los musulmanes. En el año 997, el territorio entre los ríos Duero y Miño (actual Portugal septentrional) fue reconquistado a los árabes por Bermudo II, rey de León, y en 1064 Fernando I, rey de Castilla y León, llevó la reconquista hasta lo que hoy es Coimbra. Los distritos reconquistados se organizaron como condados feudales sometidos al rey de Castilla y León. El nombre de Portugal derivó del feudo más septentrional, el comitatus Portaculenis, que se extendía alrededor del antiguo puerto romano de Portus Cale, la actual Oporto.

En 1093 Enrique de Borgoña ayudó a Castilla en su labor de reconquista. En gratitud, Alfonso VI de Castilla nombró a Enrique conde de Portugal. A la muerte de Alfonso en 1109, el conde Enrique (y más tarde su viuda, Teresa), se negaron a mantener su dependencia de Castilla y León. Invadió León y comenzaron una serie de guerras peninsulares, pero de pequeña trascendencia. En 1128 su hijo, Alfonso Henriques (el futuro Alfonso I, rey de Portugal), se rebeló contra su madre. Los caballeros portugueses aceptaron a Alfonso como rey en 1143; en 1179, el papa reconoció la independencia de Portugal.

El reino medieval de Portugal.

Alfonso I, ayudado por los templarios y otras órdenes militares, extendió el límite del nuevo reino hacia el sur del río Tajo. Su hijo Sancho I  animó a los cristianos a que repoblaran el área reconquistada donde se establecieron municipios autogobernados. Un destacado papel tuvieron los monjes cistercienses, cuyas repoblaciones promovieron un aumento de la producción agraria. A finales del siglo XII, los almohades, una dinastía musulmana del norte de África, frenaron temporalmente el avance de los cristianos hacia el sur, pero después de su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la reconquista continuó.

El rey Alfonso III completó la expulsión de los musulmanes del Algarve y trasladó la capital de Coimbra a Lisboa. También puso en marcha el gobierno con ayuda de las Cortes (asamblea representativa que incluía miembros de la nobleza, del clero y de los ciudadanos) e incrementó el poder de la monarquía a expensas de la Iglesia. Su hijo Dionisio el Liberal, fomentó la agricultura, fundó la primera universidad de la nación en Coimbra y fue el responsable del desarrollo de la Armada portuguesa. En 1294 firmó un tratado comercial con Inglaterra, que fue el comienzo de una serie de alianzas entre los dos países. El sucesor de Dionisio, Alfonso IV, se unió con Alfonso XI de Castilla para conseguir la victoria sobre los musulmanes en la batalla del río Salado en 1340. En este periodo fueron frecuentes los matrimonios entre miembros de las casas reales de Castilla y Portugal, abriéndose la posibilidad de que ambos reinos pudieran unirse.

Después de la muerte de Fernando I, el último de los descendientes legítimos de Enrique de Borgoña, su hermano ilegítimo Juan I se aseguró el trono portugués en 1385, tras dos años de guerra civil, y dio lugar al nacimiento de la dinastía de Avís. El reinado de Juan fue uno de los más notables de la historia de Portugal. Consolidó la independencia portuguesa tras derrotar a Castilla en la batalla de Aljubarrota (1385). En 1386 Inglaterra y Portugal se aliaron permanentemente en el Tratado de Windsor. Otro hecho destacado del reinado de Juan fue el inicio de las exploraciones marítimas portuguesas, que comenzaron bajo la dirección de su hijo Enrique el Navegante, príncipe de Portugal, que exploró la costa africana en busca de una ruta hacia las Indias. Comenzó un siglo de exploración y conquista que hizo de Portugal uno de los mayores poderes coloniales del mundo y permitió el desarrollo de la burguesía mercantil. Entre 1418 y 1419 los navegantes portugueses exploraron Madeira y en 1427 descubrieron las Azores. En Marruecos hubo una importante campaña militar que acabó con la ocupación de Ceuta en 1415.

La era de la expansión portuguesa.

 Madeira y las Azores rápidamente se convirtieron en importantes centros de producción de azúcar, y la conquista de Ceuta dio a Portugal un enclave estratégico en el norte de África, que serviría de base para futuras exploraciones de la costa africana. Utilizando la carabela (un nuevo tipo de navío ligero especialmente adaptado a los viajes por el Atlántico), los marineros portugueses navegaron más al sur de Cabo Verde en 1444 y, hacia 1460 alcanzaron Sierra Leona. Mientras tanto, los sucesores de Juan I, el rey Duarte I o Eduardo I ) y Alfonso V, enviaron expediciones a Marruecos y tomaron las ciudades de Tánger y Arzila (Asilah).

El reinado de Juan II.

El rey Juan II restableció el prestigio de la monarquía sometiendo a los turbulentos nobles a su autoridad. En el extranjero, fundó (1482) un fuerte portugués en Elmina (la actual Ghana) y estableció relaciones con el reino del Congo (en la actualidad, Angola). Entre los años 1487 y 1488, Bartolomeu Dias se convirtió en el primer navegante que bordeó el extremo meridional de África y abrió una ruta marina hacia Oriente. Después del viaje a América de Cristóbal Colón en 1492, Portugal y España firmaron el Tratado de Tordesillas (1494) que concedía a Portugal todas las tierras descubiertas al este de una línea a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Véase Línea de demarcación.

Manuel I y sus sucesores.

Bajo el mandato del rey Manuel I, el poderío portugués alcanzó el máximo esplendor. En los años 1497 y 1499 Vasco da Gama realizó el primer viaje a la India siguiendo la ruta descubierta por Dias e inauguró un lucrativo comercio de especias y otros artículos de lujo entre Europa y Asia meridional. Dirigidos por Alfonso de Albuquerque, los portugueses ocuparon Goa (en la India), en 1510, Malaca (actual Melaka, Malaysia) en 1511, las Molucas (en la actualidad Indonesia) en 1512-1514 y la isla de Ormuz, en el golfo Pérsico, en 1515. Durante ese mismo periodo, los portugueses abrieron el comercio con China y establecieron relaciones con Etiopía. Como habían hecho otros reyes portugueses, Manuel I soñó con la unidad de Portugal y España bajo su mandato y se casó sucesivamente con dos hijas del rey Fernando II de Aragón y de la reina Isabel I de Castilla (los Reyes Católicos). A imitación de lo sucedido en España, expulsó a los judíos y a los musulmanes de sus dominios en 1497; de este modo se privó a Portugal de la mayor parte de su incipiente clase media. Su hijo Juan III promovió el asentamiento en Brasil e introdujo (1536) la Inquisición en Portugal para reforzar la obediencia religiosa. A su muerte en 1557, Portugal había empezado a declinar su poder político y comercial. Esta tendencia continuó bajo el rey Sebastián, que murió durante una expedición a Marruecos en 1578 que concluyó con la derrota de Alcazarquivir. Con la muerte de su sucesor, el rey Enrique, en 1580, finalizó la dinastía de Avís.

Las dinastías de los Habsburgo y de Braganza.

A la muerte de Enrique, siete aspirantes se disputaron la sucesión al trono. El más poderoso era Felipe II, rey de España, quien en 1580 fue elegido rey por las Cortes de Tomar con el nombre de Felipe I de Portugal. La anexión de Portugal por parte de la monarquía española de los Habsburgo generó fuertes gastos por las guerras españolas en Europa en el periodo conocido como el ‘cautiverio de los seis años’, aunque la apertura de los territorios coloniales españoles favoreció a la burguesía y a miembros de la alta nobleza portuguesa. Después de 1600, el dominio portugués sobre las Indias Orientales se perdió a favor de holandeses y de ingleses. Bajo Felipe I, Portugal disfrutó de una autonomía considerable, pero sus sucesores, Felipe II (Felipe III de España) y Felipe III (Felipe IV de España), trataron a Portugal como una provincia española más, lo que provocó un gran descontento. Después de las fallidas revueltas de 1634 y de 1637, los conspiradores portugueses consiguieron, con el apoyo de Francia, la independencia de su reino en 1640, aprovechando la revuelta catalana y la debilidad de la monarquía hispánica, que no reconoció la independencia hasta 1668. Juan, duque de Braganza, fue elegido rey como Juan IV, primer rey de la casa de Braganza, que gobernó Portugal hasta la finalización de la monarquía.

Juan IV y sus sucesores.

El rey Juan IV (1640-1656) expulsó a los holandeses de Brasil, que se habían instalado allí en 1630 y restableció las relaciones tradicionales con Inglaterra. Aunque bastante debilitado por los conflictos con España en la segunda mitad del siglo XVII, Portugal recobró una parte de su prosperidad en el siglo XVIII, después del descubrimiento de oro y diamantes en Brasil. Entre 1683 y 1750, durante los reinados de Pedro II y de Juan V, los británicos dominaron el comercio portugués; la monarquía se hizo más despótica y las Cortes cayeron en desuso. Durante el reinado de José I , el reino estuvo bajo el control de un valido, Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal, considerado uno de los mayores hombres de Estado de la historia moderna de Portugal y máximo exponente de la Ilustración portuguesa. Aunque de forma despótica, trabajó para disminuir el poder de la nobleza y de la Iglesia, fomentó la industria y la educación, y acabó con el monopolio extranjero del comercio. Sin embargo, Pombal fue destituido al subir al trono la hija de José I, María I, en 1777. Durante la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, Portugal se alió con Gran Bretaña en contra de Francia.

En 1807, cuando los ejércitos de Napoleón entraron en España y amenazaron a Portugal, la familia real se retiró a Brasil y estableció en Río de Janeiro la sede del gobierno. Un ejército francés ocupó Portugal, pero fue derrotado en 1808 por tropas inglesas al mando de Arthur Wellesley, después primer duque de Wellington. Por la Convención de Sintra (30 de agosto de 1808), los franceses abandonaban el país, pero lo volvieron a invadir un año después. Wellington frenó de nuevo el avance francés y, en 1811, Portugal se libró de la influencia francesa. La familia real portuguesa decidió de todas formas permanecer en Brasil, que en 1815 se declaró como nuevo reino. En 1816, Juan VI accedió a los dos tronos, gobernando Portugal a través de un Consejo Regente.

La monarquía constitucional.

En 1820 la Armada portuguesa encabezó una revolución con el fin de conseguir un gobierno constitucional. El rey Juan, que acordó volver a Portugal como monarca constitucional, nombró a su hijo Pedro regente de Brasil. En 1822 éste proclamó la independencia del imperio de Brasil, y pasó a ser el emperador Pedro I. En Portugal, mientras tanto, el hermano de Pedro, el infante don Miguel, pidió ayuda a los partidarios de la monarquía absoluta para acabar con los constitucionalistas y dirigió una insurrección el 30 de abril de 1824. Sin embargo, el rey Juan mantuvo el poder y Miguel se marchó al exilio a Viena.

En 1826, Pedro I de Brasil le sucedió en el trono de Portugal como Pedro IV. Puso en marcha un régimen constitucional que mantenía la autoridad de la monarquía. Obligado a abdicar a favor de su hija, María II (llamada Maria da Gloria, una niña de siete años de edad), el príncipe Miguel volvió de Viena en 1828 y, gobernando como regente de María II, subió al trono. A este periodo le siguió una etapa de lucha civil. Con la ayuda de Inglaterra, Francia y España, María volvió en 1834 a ocupar el trono.

Su reinado estuvo caracterizado por los conflictos entre los liberales, que apoyaban la Constitución de 1822, y los absolutistas, que apoyaban la Carta otorgada por Pedro I en 1826. Bajo sus sucesores —Pedro V, que reinó desde 1853 hasta 1861, y Luis, que reinó desde 1861 hasta 1889— las luchas políticas se hicieron menos pronunciadas.

La República.

Durante el reinado de Carlos I se desarrollaron movimientos republicanos y radicales que se agudizaron con el nombramiento del absolutista João Franco como primer ministro en 1906. En 1908, Carlos y su hijo mayor fueron asesinados en Lisboa. El segundo hijo de Carlos subió al trono como Manuel II y, aunque restauró el gobierno constitucional, su gobierno corrupto igualó al de su padre. En octubre de 1910 el Ejército y la Armada dirigieron una revolución que depuso a Manuel y que estableció la República. En 1911 entró en vigor una constitución liberal que en uno de sus artículos se proclamaba la separación entre la Iglesia y el Estado. Manuel José de Arriaga fue elegido primer ministro de la República de Portugal.

Durante los siguientes 15 años, Portugal estuvo sacudido por el caos político. El promedio de duración en el cargo de los primeros ministros era de cuatro meses. A principios de 1916, durante la I Guerra Mundial, Portugal, respetando su alianza con Gran Bretaña, se apoderó de los barcos alemanes en el puerto de Lisboa. El 9 de marzo Alemania declaró la guerra a Portugal. Las tropas portuguesas combatieron en Francia y en África. Sin embargo, continuó el desorden interno y la turbulencia política, y en 1919 un levantamiento realista añadió mayor confusión a la situación. En mayo de 1926, un golpe de Estado depuso al ministro decimocuarto desde que se proclamó la República. A los pocos días de estos sucesos, los dirigentes militares eligieron al general António de Fragoso Carmona para encabezar el nuevo gobierno. En 1928 Carmona fue nombrado presidente en unas elecciones en las que él era el único candidato. En el mismo año nombró a António de Oliveira Salazar, un profesor de economía de la Universidad de Coimbra, como ministro de Finanzas. Salazar recibió poderes extraordinarios para dar una base solvente a la economía portuguesa.

El régimen de Salazar.

Salazar tuvo éxito y rápidamente se convirtió en la figura política más importante de Portugal. Profundamente religioso, restableció gran parte del poder de la Iglesia. En 1930 fundó la União Nacional (Unión Nacional), una organización política basada en principios autoritarios. Pasó a ser primer ministro y dictador en 1932 y promulgó una nueva constitución en 1933 por la que se creó el Estado Novo (Estado Nuevo). Portugal se convirtió en un Estado corporativo con una economía planificada, donde no había ninguna posibilidad de llevar a cabo gestos o actos de oposición política. En 1936, con el inicio de la Guerra Civil en España, Salazar apoyó a los insurrectos dirigidos por el general Francisco Franco. En 1939 Portugal firmó un tratado de amistad de no agresión con España, al cual se le añadió, el 29 de julio de 1940, un protocolo para asegurar la neutralidad de ambos países durante la II Guerra Mundial. Sin embargo, en octubre de 1943, cuando las fuerzas del Eje se debilitaron, Portugal permitió a los aliados utilizar las Azores como base aérea y naval.

Los años de la guerra alteraron considerablemente la economía planificada. La industria pesquera declinó, las exportaciones disminuyeron y los refugiados afluyeron de forma masiva al país. Además, el avance japonés en las Indias Orientales amenazó sus territorios ultramarinos de Asia, y Timor fue tomada en 1942. Al finalizar la guerra, el desempleo y la pobreza aumentaron de forma alarmante. Se prohibió la actividad de la oposición política a Salazar y los candidatos de la Unión Nacional monopolizaron las elecciones de noviembre de 1945. En mayo de 1947, después de aplastar un intento de revuelta, el gobierno deportó a numerosos dirigentes unionistas y a varios oficiales del Ejército a las islas de Cabo Verde. El mariscal Carmona fue elegido presidente sin oposición en febrero de 1949. Murió en abril de 1951 y fue sucedido en julio por el general Francisco Lopes, un partidario de Salazar.

Durante la década de 1950, Portugal fortaleció las relaciones con Estados Unidos y en 1958 Salazar permitió que un candidato de la oposición, Humberto Delgado, se presentara a la presidencia, pero fue vencido por el candidato gubernamental, el contralmirante Américo Deus Thomaz, que en 1965 y en 1971 fue reelegido.

En la década de 1960, Portugal tuvo que hacer frente a varias revueltas en sus territorios ultramarinos; la India se anexionó Goa en 1961 y en África estallaron varias rebeliones: en Angola a principios de 1961, en Guinea a finales de 1962 y en Mozambique en otoño de 1964. La respuesta del gobierno fue organizar campañas militares represivas contra estos levantamientos africanos, al tiempo tomó medidas para mejorar las condiciones políticas y económicas en esos territorios. Así, en 1961 Portugal extendió la ciudadanía portuguesa a los habitantes de sus colonias africanas, pero continuaron los fuertes enfrentamientos a lo largo de toda la década y de la siguiente. Durante este periodo, las Naciones Unidas condenaron a Portugal por mantener guerras coloniales. La importancia de las colonias para el mantenimiento del régimen dictatorial era fundamental en el aspecto económico, pues constituían la principal fuente de divisas portuguesas.

A mediados de la década de 1970, varios préstamos extranjeros ayudaron a desarrollar varios proyectos de regadío y construcción de obras públicas. Aunque hubo varias manifestaciones de estudiantes durante este periodo, la oposición política al régimen de Salazar no se organizó.

Reformas democráticas.

El 29 de septiembre de 1968, Marcelo Caetano, un profesor de derecho y hombre de negocios y durante mucho tiempo asociado a Salazar, se convirtió en primer ministro sucediendo a Salazar, que había quedado incapacitado por una apoplejía. Aunque Caetano era partidario de reformas, cuando entró en posesión de su cargo continuó la política represiva de Salazar, especialmente en África.

Una serie de éxitos militares y políticos realizados por los movimientos de liberación africanos amenazaron la estabilidad económica (ya muy débil por los elevados gastos militares para mantener las guerras coloniales) de Portugal y permitieron que un grupo de oficiales portugueses derrocaran el gobierno de Caetano el 25 de abril de 1974 de forma incruenta, en la denominada ‘revolución de los claveles’. Una junta de siete miembros, dirigida por el general António de Spínola, se hizo con el poder y prometió establecer un sistema democrático en Portugal y la independencia de los territorios africanos. Durante 1974 y 1975, Guinea-Bissau, Mozambique, las islas de Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y Angola se independizaron, y en 1975-1976 el Ejército indonesio ocupó Timor. El regreso de las tropas y de los colonos a Portugal desde las nuevas naciones independientes agravó los problemas de desempleo y de inquietud política en la metrópoli.

El 30 de septiembre de 1974 Spínola dimitió ante el crecimiento de la influencia comunista. Le sustituyó el general Francisco da Costa Gomes. Vasco Gonçalves, que se había convertido en primer ministro en julio, permaneció en su cargo. A principios de 1975 el Movimiento de las Fuerzas Armadas (Movimento das Forças Armadas, o MFA) asumió un papel formal en el gobierno y se dieron los primeros pasos para reorganizar las Fuerzas Armadas. El gobierno provisional aprobó una ley que autorizaba los sindicatos; de este modo se comenzó a reformar la economía y la vida social portuguesa. Entre las primeras acciones que se llevaron a cabo estaba la nacionalización de algunas industrias pesadas y de la banca, y la expropiación y redistribución de los grandes holdings agrícolas. En marzo se sofocó un intento de golpe de Estado por parte de la derecha, dirigida por Spínola. En abril los socialistas triunfaron en las elecciones para formar una asamblea constituyente.

Gonçalves formó un nuevo gobierno, pero se mostró inestable. Después de una serie de choques entre socialistas y comunistas, seguidos por violentas manifestaciones anticomunistas (especialmente en el norte), el MFA estableció un triunvirato compuesto por Costa Gomes, Gonçalves y el general Otelo de Carvalho, encargado de las fuerzas de seguridad de Portugal. En septiembre, ante la insistencia de la Armada, el vicealmirante José de Azevedo sustituyó a Gonçalves como primer ministro. Bajo el gobierno de Azevedo se consiguió una cierta estabilidad y se adoptó una nueva legislación económica con el fin de atraer capital extranjero. En las elecciones generales de abril de 1976, los socialistas consiguieron la mayoría de los votos, y su dirigente, Mário Soares, pasó a ser el primer ministro. En junio, el general António Ramalho Eanes fue elegido presidente de Portugal. La situación económica no mejoró durante los dos años siguientes y, a mediados de 1978 Soares dimitió. Después del fracaso de dos gobiernos sucesivos, la conservadora Alianza Democrática (dirigida por Francisco), ganó por clara mayoría las elecciones parlamentarias celebradas en diciembre de 1979. Sá Carneiro juró el cargo de primer ministro en enero de 1980, pero murió en un accidente aéreo en diciembre de ese año. Le sucedió Francisco Pinto Balsemão, otro conservador, en enero de 1981. Durante su gobierno, se disolvió el Consejo Militar de la Revolución en 1982 a través de una enmienda constitucional. Las elecciones parlamentarias de abril de 1983 llevaron de nuevo a Soares al cargo de primer ministro. El gobierno de Soares introdujo un programa de austeridad y comenzó las negociaciones para que Portugal entrara a formar parte de la Comunidad Europea (actual Unión Europea). Las elecciones de octubre de 1985 permitieron la formación de un gobierno minoritario dirigido por el socialdemócrata Aníbal Cavaco Silva. Soares fue elegido presidente de la República en las elecciones de 1986; Portugal entró en la Comunidad Europea en ese mismo año. La economía mejoró notablemente con la introducción de una política económica neoliberal y tecnocrática, y en las elecciones de 1987 los socialdemócratas consiguieron el control del Parlamento: por primera vez un solo partido conseguía la mayoría desde 1975. En enero de 1991, el presidente Soares renovó su cargo por un periodo de cinco años y los socialdemócratas mantuvieron su mayoría en las elecciones generales de octubre de ese año. En 1992, al tiempo que Portugal ocupaba la presidencia de la Comunidad Europea, se enrareció el ambiente social; hubo manifestaciones masivas de estudiantes contra los exámenes de ingreso en la universidad que provocaron la dimisión del ministro de Educación; los empleados de los servicios públicos se unieron para conseguir salarios más altos y los médicos mantuvieron dos días de huelga para protestar contra los planes del gobierno para privatizar algunos servicios de sanidad.

Tras una década de gobiernos de centro-derecha del Partido Social Demócrata, las elecciones legislativas de octubre de 1995 dieron el triunfo, aunque no la mayoría absoluta, al Partido Socialista. António Guterres accedió al cargo de primer ministro ese mismo mes. En enero de 1996 Mário Soares fue sucedido por Jorge Sampaio, también socialista, al frente de la presidencia de la República. Esto ha provocado una situación insólita que no se producía desde hacía años: tanto el presidente como el primer ministro del país pertenecen al mismo partido político, lo que presumiblemente redundará en el buen entendimiento entre ambos cargos. El nuevo gabinete, que ha mantenido el carácter europeísta y la política de privatizaciones desarrollados por los socialdemócratas, ha de hacer frente a dos importantes retos: el del desempleo, cuyo porcentaje incluso ha aumentado en los últimos años, y el proyecto de regionalización, por el que se contempla la creación de nuevas entidades administrativas, que cuenta con el rechazo de numerosos sectores.

En política internacional, Portugal ha mejorado sus relaciones con España desde la década de 1980 y ha tenido desde esas fechas como máxima prioridad su plena integración en todas las estructuras de la Unión Europea. Las negociaciones con la República Popular de China dieron como resultado el acuerdo de 1987 para transferir Macao, territorio ultramarino de Portugal, al control chino en diciembre de 1999. Desde comienzos de 1988, Portugal desempeñó un papel significante en el proceso de restaurar la paz en Angola (una antigua posesión portuguesa), y en la participación de las negociaciones de paz en Mozambique. A pesar de los contratiempos, en 1993 continuaron las discusiones con Indonesia sobre el antiguo territorio portugués de Timor Oriental, que el régimen indonesio invadió violentamente y al que le niega su legítimo derecho a la autodeterminación.