Mauritania

Objetivo Chinguetti 2006



 
 

 

Dia 11-10-2006

 

Salimos de Dakhla acompañados por Jota admirando la belleza de esta pequeña península y tomamos la carretera que nos llevara a la frontera mauritana es una línea recta con cientos de kilómetros de llanura inmensa solo salpicada por grupos de barcanes, dunas de arena blanca con forma de croissant que invitan a jugar con ellas, pero debemos llegar pronto a la frontera y continuamos por la mas que aburrida carretera.

Pasamos la línea imaginaria del trópico de Cáncer y nos hacemos unas fotos en medio de la nada.

Nos cruzamos con pelotón de ciclistas de montaña, tienen merito, lo se por experiencia es tremendo dar pedales con el calor que hace.

Pasamos la frontera marroquí formada por unas edificaciones mas o menos decentes y tomamos la pista  absolutamente rota que hay para acceder a la frontera mauritana, parece ser que los alrededores están (o al menos estaban) minados. Llegamos a  la frontera mauritana, sencillamente desolador, son cuatro casetas de madera con techos de madera cubiertos con plásticos, dentro  la respiración se hace difícil ya que estamos a 38º. Esta es la primera imagen del viajero y que nos acompañara en los próximos días, viento, calor, desolación, y  pobreza. No esperábamos mucho mas, pero aun asi es excesivo.

 Para facilitar el pase de la frontera están los compañeros que viajaran con nosotros por tierras mauritanas: Ely sera nuestro guía, Jedu el chofer y Emil el mecánico, los tres con su Toyota pick up Hillux, los saludamos y charlamos un rato con ellos  para ir conociéndonos, no es fácil pues solo Eli habla español, (y desde luego no es Castelar) pero la buena voluntad mueve montañas.

Por fin llegamos a Nouadhibou, es la segunda ciudad más importante de Mauritania y cuenta tan solo con 100.000 habitantes. Nos vamos a contemplar el espectáculo de los barcos varados en sus playas. Impresionante, parece ser que a los armadores les trae mas cuenta embarrancarlos en estas playas que desmontarlos para la chatarra, algunos mauritanos viven de desguazar lentamente estos barcos, vendiendo después el hierro por uno pocos ouguiyas. ¡¡¡ Vamonos de aquí!!!! Es la frase acuñada del viaje para marcharnos a otro lugar y partimos hacia Cabo Blanco, la vista desde el faro es increíble. Hay otro barco varado este lleva tan solo unos meses pero el océano ya le esta pasando factura. Desde los riscos intentamos ver a las focas monje que al parecer se cobijan en esta zona pero no hay suerte y no las vemos. Malcomemos “tarde y con daño” al resguardo del muro del faro el viento es intenso y todo lo que sacamos se llena de arena en unos segundos. Pisteamos durante unos kilómetros hasta llegar al hotel. Tayba. Una buena ducha y a cenar langosta preparada por Fanta, una simpática negraza con unos dientes blanquísimos, cenamos un par de langostas de medio tamaño cada uno con una especie de pisto y patatas muy buenos, para beber un zumo de frutas muy dulce que esta muy bueno, pero que no es lo ideal para acompañar al marisco.

En el albergue de Fanta están dos ciclistas, chico y chica, que tienen la intención de cruzar África de norte a sur en sus monturas, charlamos con ellos y les deseamos suerte, tienen todo un reto por delante, nuestra aventura se nos antoja de juguete comparado con la suya.

Para bajar la cena nos damos un largo paseo por las calles de Nouadhibou y compramos algunas cosillas, entre ellas un Darra (típica túnica mauritana) y un Serval (pantalón bombacho también típico mauritano). Ellos llevan estas prendas, a pesar de su sencillez, con una enorme elegancia, cuando nos las ponemos nosotros parecemos cuatro hermosos sacos de patatas, pero las risas  que nos marcamos merecen el pequeño gasto realizado.

Nos vamos a Dormir que mañana empieza “el tomate”.

 

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