Objetivo Chinguetti 2006



 
 

Dia 12-10-2006

 

Madrugamos como siempre y hacemos una visita al orfanato que un grupo de amigos, incluido Jota intentan sacar adelante con mínimos recursos. Nos reciben un montón de chiquillos que no pierden su sonrisa por mas que  la adversidad se cebe con ellos les entregamos algo de ropa, bolis, gorras y les hacemos fotos pues les encanta poder verse reflejados en las pantallas de las cámaras digitales. Nos vamos con el corazón en un puño pues es imposible atender tanta necesidad como tienen. Nos despedimos de Jota hasta la vuelta  y comenzamos la jornada cuatrera paralelos al ferrocarril que dejamos a nuestra izquierda.

Un tren se acerca con sus dos locomotoras y tarda en pasar unos cinco minutos debe tener por lo menos dos kilómetros de largo y es impresionante, cargado hasta los topes de mineral de hierro y un último vagón destinado a pasajeros.

Los distintos tipos de firme se suceden, piedras, tole ondule, ríos de arena y dunas bajas llenas de hierba de camello que debemos ir sorteando el  ritmo es bueno estamos disfrutando como bellacos, pero el calor es sofocante 40º, 41º, 42º, menos mal que el termómetro se queda ahí.

La rueda que Carlos lleva en la baca esta algo floja, paramos para apretarla pero no se llega bien, de modo que decido subirme al techo del coche para tirar de las cinchas, un impulso y….rissssss mis pantalones largos se convierten en cortos, pero de una sola pierna, una arista de la baca se ha enganchado en el pantalón y mas que un siete me he hecho un catorce, cojo unas tijeras y ayudado por Alberto termino la obra que empezó la baca, todo esto en medio del cachondeo del resto del grupo, claro.

Tenemos algún atasco que solventamos rápidamente, el coche de Carlos se calienta y debemos parar para que se enfríe, reanudamos la marcha pero de nuevo se calienta, no solo el agua del radiador si no también el aceite de la transmisión automática, una cervecita fresca mientras se enfría y continuamos. Tenemos que ir muy atentos pues hay trozos de vías diseminados por todas partes. Cuando un trozo de riel se rompe lo cambian y tiran el viejo, incluidos los enormes tornillos que los sujetan a las traviesas de madera, los tiran  en cualquier parte, la arena los tapa y te puedes comer un buen “marrón” si una de esa vías toca una rueda. Nos cruzamos con gente que nos pide algo para el dolor de cabeza, se lo damos, luego Ely nos comenta que especulan con los analgésicos que les regalamos, ya se sabe donde hay necesidad hay picaresca.

Buscamos sitio para comer algo, pero aquello es un páramo sin un mísero arbolillo donde refugiarse del sol, intentamos poner un toldo pero hace bastante viento y no nos sirve, al final comemos parapetados en la mínima sombra  que proyectan los coches.

Continuamos nuestro camino por ríos de arena durante kilómetros y kilómetros, realmente esplendido.

Empieza a anochecer y buscamos un lugar para acampar en mitad de la nada, primero pensamos en motar las tiendas, pero Ely nos comenta que el lugar es seguro “esta mu bueno” dice, de modo que después de una cena en la que hacemos intercambio de platos (carne de camello por latas de atún) con nuestros amigos mauritanos algunos vivaqueamos bajo un cielo que no se puede describir ya no caben mas estrellas ni constelaciones en el firmamento. Dormimos placidamente y nuestra paz solo se ve alterada por el paso de algún tren largo, largo como la noche.

 

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